Zitácuaro

Historia

Ayuntamiento de Zitácuaro, Michoacán, Administración 2018 - 2021.

160055
14
Marzo
2016
Incendios
  • Parte 2

M.C.D. Miguel Angel Avilés T.
Cronista Municipal.

EL TERCER INCENDIO DE LA CIUDAD INDOMABLE

La Leyenda de la ciudad indomable. Juan Martínez Lejarza en su libro Análisis Estadístico de la Provincia de Michoacán en 1822 anota que: “En 1822 la provincia e intendencia de Michoacán se dividía en cuatro departamentos, al del Oriente pertenecía el partido de Zitácuaro que se integraba por las doctrinas de su cabecera, Angangeo, Maravatío, Irimbo, Taximaroa, Tuxpan, Jungapeo y Tuzantla. Situada entre los montes elevados de la cordillera central, a treinta leguas al este de Valladolid, muy considerables en otros tiempos, hoy abrasada y cuasi destruida por causas que a la historia toca revelar.”

Le tocaría revelar pero no lo hizo, ya que no existe una relación completa de lo que sucedió después del primer incendio y devastación de la heroica villa a manos de Calleja, excepto que su decaída economía se había reactivado, con el retorno de la imagen de la Virgen de los Remedios que había sido llevada a Morelia.

No se tiene pleno conocimiento de lo que sucedió en la villa en los convulsos tiempos que siguieron a la obtención de la independencia. Ni como tanto criollos como mestizos, propietarios de pequeñas haciendas y ranchos, que no acompañaron a los integrantes de la Suprema Junta Nacional Americana, cuando esta tuvo que dejar la villa, fueron fraguando entre ellos sus lazos de amistad y compadrazgo y formando sus simpatías políticas. Lo que si se conoce es que en ese año de 1822 se inició su reconstrucción a través de las acciones de la Junta Cívica de la localidad

Para 1828 Zitácuaro contaba con 6,492 habitantes y de él un viajero ingles llamado H.G. Ward había afirmado que: “nunca en ninguna parte del mundo, se ha visto mayor variedad de bellos paisajes que los que encuentra uno entre Temascaltepec y Zitácuaro”; durante los años 1846, 1847 y 1848 contó con escuela oficial de niños. Todo parecía ir bien, las haciendas eran productivas, el comercio florecía gracias a la privilegiada ubicación de la villa y algunos de sus habitantes tenían acceso a la educación.

Pero la ideología progresista de sus habitantes les hizo tomar partido por el proyecto federalista de la república, ocasionando que el primero de abril de 1855, las fuerzas centralistas encabezadas por José López de Santa Anna atacaran la ciudad y la quemaran. Y de ahí en adelante, la ciudad fue escenario de infinidad de combates y escaramuzas durante la Revolución de Ayutla y la Guerra de Reforma, pero lo más difícil de estaba por venir, al recrudecerse los acontecimientos bélicos durante la intervención francesa y el Imperio de Maximiliano.

 
Templo de nuestra señora de los remedios antes de que contara con su actual torre de tres cuerpos   Probablemente así luciría el templo de los remedios cuando fue usado como caballeriza por el ejército imperial. Actualmente carece de los retratos de los evangelistas en “las pechinas”, de los altares laterales y del pulpito de madera.

Sería largo enumerar y describir los combates acaecidos en esta época, pero como ya se ha dicho ninguno de los bandos pudo tener una posición definitiva de la villa,  quizás el combate más importante fue el que se efectuó el 5 de julio de 1864 entre las tropas republicanas  del general Vicente Riva Palacio y sus “chinacos” y  las fuerzas imperialistas al mando de los coroneles  Doroteo Vera, Paulino Gómez Lamadrid, Laureano Valdés y Antonio Díaz. Que para variar termino   en un empate.


Batalla de Zitácuaro.
Cuadro al oleo del maestro Constantino Escalante.
Museo de las intervenciones.

Esta batalla quedó plasmada en una pequeña pintura obra del maestro Constantino Escalante, que se encuentra en el Museo de las Intervenciones de la Ciudad de México, en ella se contempla al general Vicente Riva Palacio arengando en pleno combate a unos prisioneros imperialistas para que se unan a las tropas republicanas. En su ángulo superior izquierdo se contempla en medio de un paramo y difuminado entre una nube de polvo, al mutilado Templo de nuestra Señora de los Remedios.

¿Hubo un tercer incendio? Aunque todas las versiones de la historia oficial coinciden en que Zitácuaro fue incendiado por tercera vez el 15 de abril de 1865, en un texto sobre la guardia de la emperatriz, elaborado por la historiadora Laura O´ Dogherty Madrazo y publicado en INTERNET con el titulo de “La Guardia de la Emperatriz Carlota. Su trágica aventura en México. 1864-1867” deja serías dudas al respecto, veamos porque.

1° después de la interminable serie de combates que se dieron en Zitácuaro durante la Revolución de Ayutla, La Guerra de Reforma y la Intervención Francesa, los habitantes de la villa la habían dejado abandonada y se habían refugiado en las haciendas y montañas vecinas, el único vestigio de los mejores tiempos por ella vivido, era el Santuario de los Remedios y su milagrosa imagen.

2° La doctora O´Dogherty nos dice que en los cinco meses de 1865 que duró la campaña de pacificación de Michoacán los belgas participaron en tres acciones de guerra: Zitácuaro, Tacámbaro y La Loma, La primera tuvo lugar pocas semanas después de abandonar la capital., en camino a Morelia, Van der Smissen recibió la orden de recuperar Zitácuaro, cuya guarnición imperial había sido destruida por las fuerzas liberales y de imponer un castigo ejemplar a la población, acusada de haber colaborado con el enemigo. Con la mitad de los hombres, incluido un contingente del ejército imperial, desvió su camino y se dirigió hacia esta población. El 21 de marzo, y sin necesidad de disparar un solo tiro, las fuerza imperiales recuperaron la localidad abandonada y tomaron represalias en los pueblos cercanos de San Miguel y San Felipe.

 
Combate entre un soldado del ejercito imperial y un “chinaco”   Armas usada durante la guerra de la inversión francesa.

Los protagonistas belgas salvo contada excepciones, trataron de esquivar la mención de los suceso, ocurridos durante esta acción; sin duda por que su recuerdo resultaba poco edificante. Entre los que si dejaron su testimonio, encontramos el de M. Loiseau quien recordaba que sin mediar explicación alguna, Van Smissen ordenó a sus hombres tomar prisioneros a todos los varones, confiscar el ganado y prender fuego a los pueblos, además señalaba que el comandante había sido innecesariamente rudo con los prisioneros y demasiado tolerante ante los excesos de la tropa. Alegaba que esa conducta respondió a las atrocidades cometidas por el ejército liberal con la complicidad de los vecinos. Era necesario aseguraba conocer “el espíritu sanguinario de la población indígena de los alrededores, para comprender que las más elementales leyes de la humanidad y de la guerra les eran desconocidas.”

Otros oficiales, en cambio habían buscado la mediación del capellán y del medico del regimiento con el fin de frenar los excesos. Un testigo recordaba con escándalo que la iglesia había sido profanada y sus imágenes destruidas, y otro sostenía que se trataban de pueblos pacíficos y desarmados. El capitán E. Devaux escribió que: “la orden de castigar a la población fue por desgracia bien ejecutada, tuvimos el dolor de ver cómo nuestros paisanos cometían toda clase de actos vandálicos. Nada faltó en ese nefasto día, pillaje, robo, incendio”.

El segundo combate tuvo lugar el 11 de abril, cuando la columna belga estacionada en Tacámbaro fue sorprendida por más de 3 mil soldados liberales al mando del General Régules. La caballería imperial logró huir, pero los belgas, después de muchas horas de resistencia, debieron capitular cuando comenzó a arder la iglesia donde habían instalado su cuartel. Las pérdidas fueron enormes. Una cuarta parte del contingente perdió la vida o resultó gravemente herido, de entre ellos, más de la mitad de los oficiales. El resto fue tomado prisionero y conducido hacia el sur del estado.

El tercer combate tuvo lugar el16 de julio de 1865 en la Hacienda de la Loma, cerca de Tacámbaro cuando una fuerza compuesta por 650 soldados mexicanos y 350 belgas logro sorprender y derrotar a un contingente republicano. A finales de ese año después de largas negociaciones, fueron canjeados los prisioneros belgas en Acuitzio, denominado desde entonces del Canje y con ello terminó, la intervención belga en Michoacán.

La otra versión sobre el incendio. A si pues, en relación a la efeméride que conmemoramos hay dos versiones: una es la de los historiadores mexicanos, que aceptan como verídica la versión del Lic. Eduardo Ruiz, testigo presencial de la guerra de intervención en Michoacán y la fuente más confiable sobre ella, sin embargo, contamos al menos con otra versión sobre estos acontecimientos, que es la de la Dra. Ó Dogherty, basada en los datos que se localizan en el Archivo donado el año de 1927 por La Sociedad de Antiguos Hermanos de Armas en México al Museo Real del Ejercito Belga; donde gracias al interés de los curadores L. Leconte y A. Duchesne se logró enriquecer este acervo con documentos que habían quedado en manos de las familias de los voluntarios.

Entre los oficiales belgas que dejaron su testimonio para reconstruir los acontecimientos destacan: M. Loiseau cuidadoso en los detalles y que contrasta los testimonios que sirven de fuentes para reconstruir los hechos, L. Timmerhans que atiende a la cronología. A. Vander Smissen que colecciono documentos útiles para justificar su conducta. L. Van der Straten, Waillet o E. Walton que escribieron menos interesados en reconstruir la historia que en evocar el ambiente, describir el paisaje y relatar costumbres y curiosidades.

Basado en ellos, la Dra. Ó Dogherty afirma que la acción incendiaria de los belgas ocurrió el 21 de marzo y no el 15 de abril y quien la sufrió no fue la villa de Zitácuaro, si no los pequeños pueblos vecinos de San Miguel y San Felipe.

El porqué de esta contradicción es difícil de precisar, sin caer en especulaciones, por una parte es probable que los antiguos cronistas mexicanos, dejándose llevar por su “fervor patrio”, como sucede por ejemplo en la descripción que Ignacio M. Altamirano hace del incendio, hayan modificado la fecha de este, para que no coincidiera con el natalicio del Presidente Juárez, y por la otra que los cronistas belgas, aunque reconozcan la crueldad del suceso hayan tratado de crear confusiones con la intención de aminorar la gravedad del acontecimiento.

Lo que si es seguro es que el incendio no fue tan espectacular como se asegura, simple y sencillamente por que después de 10 años de ser escenario de tantas escaramuzas y batallas, en la indomable villa, ya no había nada que incendiar, además de que sus habitantes se habían ido a vivir a las montañas y haciendas vecinas. De la antes relativamente prospera ciudad sólo quedaba en pie el mutilado Templo de los Remedios, como testimonio de la fe de sus habitantes, pero también de su patriotismo.

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