Zitácuaro

Historia

Ayuntamiento de Zitácuaro, Michoacán, Administración 2018 - 2021.

160054
14
Marzo
2016
Incendios
  • Parte 1

M.C.D. Miguel Angel Avilés T.
Cronista Municipal.

LA TRAGICA AVENTURA DE LA GUARDIA DE LA EMPERATRIZ CARLOTA

El primero de agosto de 1864 en la pequeña ciudad de Audenarde, al noroeste de Bruselas, se instaló la oficina de reclutamiento de voluntarios, para formar La Guardia de la Emperatriz Carlota; misma que serviría para garantizar la seguridad de la hija del rey de los belgas, Leopoldo, en la trágica aventura que junto con su esposo Maximiliano, emprenderían en México, donde desembarcaron a finales de mayo de ese año con la intención de instaurar el imperio que habían aceptado gobernar, a propuesta de una delegación de notables mexicanos.

Casi al mismo tiempo, el 19 de ese mismo mes y año, a cientos de kilómetros de Europa, en México, otra pequeña ciudad, la heroica Zitácuaro, quedaba literalmente convertida en escombros, al ser escenario de una más de la interminable serie de escaramuzas acaecidas en la guerra de intervención, en esta ocasión entre las tropas imperiales de Lamadrid y Laureano Valdez, contra los “chinacos” de Nicolás Romero, o, como la que liberaron el 10 de marzo de 1865, las tropas republicanas de León Ugalde, Juan Valencia y Carlos Castillo, contra el Batallón del Emperador bajó el mando de Ramón Méndez. La historia oficial nos dice que todas estas escaramuzas, fueron victorias republicanas, pero en realidad fueron puros empates, por que ninguno de los contendientes logró afianzar su dominio sobre el poblado, quizás por que militarmente éste era indefendible.

El caso es que éste 15 de abril, se conmemora el 150 aniversario de la quema de Zitácuaro por los belgas, pero acerca de esta efeméride surgen algunas preguntas: ¿la fecha, aunque ésta sea avalada por la totalidad de los historiadores es la correcta?, ¿para

ese tiempo todavía quedaba en la antigua villa algo que quemar? Y ¿el porqué de la saña con los que los belgas acataron la orden de castigar la ciudad, para ellos desconocida hasta el momento de su arribo?

El Ejercito Imperial y La Guardia de la Emperatriz.- El ejercito imperial mexicano estaba integrado básicamente por los restos del derrotado ejercito conservador, por los veinte mil soldados del cuerpo expedicionario francés y los ocho mil hombres de su Legión Extranjera, los que contaron con la colaboración de otros dos cuerpos armados extranjeros: Uno integrado por seis mil quinientos hombres reclutados entre las tropas pertenecientes al ejercito austriaco, quienes contaban con el permiso de su emperador Francisco José, ellos formarían la guardia del emperador y otro compuesto únicamente por mil quinientos voluntarios belgas, al no poder el rey Leopoldo, disponer de las fuerzas armadas de su país, por carecer del consentimiento del parlamento, puesto que el gobierno belga estaba comprometido desde la consumación de su independencia a ser neutral en cualquier conflicto bélico.

 
Caballería del ejercito austrohúngaro. Mediados del siglo XIX   Oficiales del ejército austrohúngaro portando los diferentes tipos de uniformes q caracterizaban a ese ejército

Finalmente el contingente belga quedo al mando de treinta y ocho oficiales y sesenta y dos suboficiales de su ejército. Desde una perspectiva militar el grupo no podía ser considerado como un cuerpo de élite, ya que: 1° su comandante el barón Van der Smissen sólo poseía el grado de capitán, aunque había participado con los franceses en operaciones militares en Argelia y era hijo de un héroe de la independencia. y 2° los oficiales eran relativamente jóvenes y únicamente poseían los grados de teniente o subteniente, pero todos carecían de educación militar formal y de experiencia en la guerra-

 
Soldados de infanteria del ejercito belga. 1863   Soldados de caballeria del ejercito belga a mediados del siglo XIX.

El Viaje hacia México.- El primer destacamento de belgas se embarco rumbo a México, a mediados del mes octubre de 1864 en el puerto francés de Saint Nazaire, lo componían 557 suboficiales y soldados y 5 cocineras, el segundo salió desde el mismo puerto el 14 de noviembre del mismo año y lo componían 399 hombres y cuatro cocineras, de ellos sólo una quinta parte eran militares, los demás eran artesanos sin trabajo, estudiantes y dependientes, sin instrucción militar, lo que ocasionaría más adelante, el hiriente comentario de Vander Smissen, de que: “ esta formado de pequeños mocosos que se dejan desarmar por los mexicanos o bien pierden por el camino a los prisioneros que les son confiados”.


Llegada del Emperador Maximiliano y la Emperatriz Carlota al puerto de Veracruz.

Los últimos dos contingente sólo lograron reunir a 361 y 190 voluntarios respectivamente, entre ellos más de una docena de menores de edad que carecían de autorización paterna, a si como dos centenares de extranjeros entre ellos un alemán miope y otro sin cuatro dedos de la mano derecha.

Esta disminución de elementos para integrar el cuerpo expedicionario belga, se debió a: la oposición de los católicos belgas que calificaban a Maximiliano de demasiado liberal y de los liberales belgas que no deseaban ser identificados con un régimen conservador y clerical. El batallón tuvo el problema adicional de que un buen número de estos voluntarios (cerca de la cuarta parte) lo abandonó, antes de partir a México

Tras cerca de seis semanas a bordo de los barcos, con la sola interrupción de breves escalas en Martinica y Santiago de Cuba, los belgas llegaron a Veracruz donde: “la costa mexicana adquiría tonalidades de ensueño, iluminados por la esplendida luz de los trópicos, donde las cúpulas de las iglesias, cuyos mosaicos espejean al sol, dan un aspecto monumental a la ciudad”.
Al desembarcar sin embargo la impresión se modifico de manera radical, provocando desconcierto y desilusión: “vistas de cerca todas las ciudades de México pierden bastante, en algunos barrios se acumulan montañas de basura, cadáveres de perros y otro animales. El estado de muchas construcciones es ruinoso, imperan la suciedad, los malos olores y los hervideros de zopilotes (especies de buitres) sobre calles y tejados, a los que se les había confiado el servicio de limpieza de la población, nos pareció que llegábamos no a otro continente, si no a otro planeta”. La opinión sobre la población y su escasa cordialidad no fue mejor, aseveraron que esta reunía muchos defectos: ignorancia, fanatismo, suciedad, cobardía, hipocresía, tendencia al robo y al asesinato y salvo la facilidad para montar, ninguna cualidad.

La dulce vida y la decepción.- Sin embargo al llegar a la ciudad de México, los voluntarios según M. Loiseau “creyeron rencontrar las ilusiones perdidas durante el viaje”. Los homenajes que recibieron y la comodidad de las tareas que les fueron encomendadas, sin duda, alentaron dicha esperanza. El primer destacamento fue acogido a la entrada de la ciudad por la pareja imperial en persona, acompañados por el Estado Mayor Francés. Una vez instalados, los dos primeros destacamentos sustituyeron a las tropas francesas en Chapultepec, Tacubaya y Molino del Rey. Aunque el servicio no carecía de peligro, era agradable, sin embargo el alojamiento y la alimentación eran precarios, el salario insuficiente dado el elevado costo de la vida y los productos europeos inaccesibles.

Cuando los voluntarios llegaron a México el imperio parecía avanzar por buen camino, el Presidente Juárez se había visto obligado a refugiarse en Chihuahua y la rendición de Oaxaca a principios de febrero supuso una importante derrota para la república, sin embargo el país estaba lejos de ser pacificado, las bandas armadas eran numerosas y mantenían amplias zonas rurales fuera del control del imperio, En este contexto era urgente organizar la participación de los voluntario belgas en las tareas de pacificación y aquí es donde entra El Batallón de la Emperatriz en la microhistoria del Municipio de Zitácuaro. CONTINUARA.

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