Zitácuaro

Fiestas y tradiciones

Ayuntamiento de Zitácuaro, Michoacán, Administración 2018 - 2021.

160048
6
Marzo
2016
Ferias
  • Parte 2

M.C.D. Miguel Angel Avilés T.
Cronista Municipal.

LA UTOPÍA DEL PASADO

En la historia de los pueblos siempre ha existido el recuerdo de una época dorada, lo que Enrique Krauze denominó “la utopía del pasado”, en Zitácuaro esta reminiscencia es para “la ciudad liberal”, y para un evento ligado a ella, la celebración de la feria del 5 de febrero, lo cual a quedado grabada en la memoria colectiva de sus habitantes.

Esa feria era una fiesta con actividades y ritos que se desarrollaban en un contexto socioeconómico diferente al presente, y que por el tiempo transcurrido desde esa época, su época de mayor esplendor, pocos conocen en la actualidad, por lo que a continuación transcribimos la crónica que con mayor fidelidad relata lo que fue este festejo, escrita por la profesora Eufemia Hernández Landa en 1955 (Duarte Soto Crispín, Feria del 5 de febrero de Zitácuaro.p.52)

“No importa el año es el cuatro de febrero y Zitácuaro ya está de fiesta. Anochece, y el pueblo en compacta multitud, llevando a la vanguardia la banda de música, se encamina, iluminando el camino con antorchas, hacia la Estación del Ferrocarril, para dar la bienvenida a las altas personalidades invitadas a tan gran acontecimiento, así como los famosos toreros que, de la capital, vienen a hacer brillar las luces de sus trajes con el cálido sol de esta tierra michoacana. Es noche de inquietud en los hogares ricos y humildes. Todavía el sol no envía sus primeros destellos sobre la ciudad, cuando la música de la “alborada”, despierta a sus habitantes, y así, de casa en casa, van saliendo los vecinos y autoridades hasta reunirse en el lugar en que, solemnemente, será izado el lábaro patrio.

Horas después autoridades y alumnos de las escuelas, en concurso de uniformes y marcialidad desfilan por las empedradas calles y les sirven de marco las recién encaladas fachadas cubiertas de adornos, las rojas banquetas de ladrillo y el pueblo que se protege del ardiente sol bajo los aleros acogedores y arroja flores al paso del bello desfile que termina en el Jardín de la Constitución, al iniciarse la ceremonia oficial que abunda en elocuentes discursos, bellas poesías y armoniosos cantos infantiles.

Y por la tarde, después de saborear el oloroso mole acompañado de corundas, las sabrosas carnitas, los ruidosos chicharrones y las martajadas memelas húmedas de crema de leche, las familias luciendo sus mejores galas, se dirigen a la plaza de toros o presencían las clásicas peleas de gallo en las cuales las cantadoras ponen la nota de color de armonía. Las apuestas, se mezclan con los gritos de los que rifan usando barajas, el zarape de saltillo, o el rebozo de bolita, en tanto que los galleros preparan a los contendientes.

Y cuando el sol cae, con pasos acelerados por la prisa inusitada de ese día, todos se encaminan a sus casas, para salir, poco después nuevamente acicalados hacia el Teatro Juárez, esfuerzo y orgullo del pueblo. A falta de butacas, hacen en acto de presencia desde el día anterior, sillas de bejucos y acojinados sillones, desde los cuales, o bien de pie, se sigue paso a paso, el desarrollo de los números artísticos de la velada literario musical, se presencia una buena ópera o el drama que presentan las compañías contratadas al efecto.

Mientras tanto, en el jardín, a los acordes de la música, ha dado principio la “Jamaica”, sinónimo de flores, confeti de oropel, serpentinas, baile y alegría. No hay estómago exigente que no halle satisfacción a sus gustos, ya que alternan los puestos de la encanalada pasta de leche que se acompaña con la delicada fruta de horno, con los fiambres y antojitos mexicanos o los buñuelos y el humeante atole.

La sociedad espera el nuevo día bailando, en tanto que los rancheros, masa anónima de profundas raigambres sentimentales, pone la nota folclórica en esta fiesta como ninguna otra agitando sus cuerpos rítmicamente al realizar la maravilla de hacer música con los pies al ejecutar, sobre sonoros entarimados y acompañados del rasgueo de las guitarras y de voces en falsete de las cantadoras de sones, los típicos zapateados orgullo de nuestro México”. Y remata la maestra Hernández: “No importa el año ¿ podremos presenciar en algún mes de febrero, una exaltación patria como las que contemplaron nuestros padres y que nos relatan con lagrimas de emoción en los ojos? Esperamos confiados que así sea.

Pero resulta que no fue así, por que los tiempos cambian. El tren en que llegaban las altas personalidades ya no transita y estas llegan en helicóptero, la corrida del 5 declina al instaurarse en la capital del país en esa fecha la corrida del aniversario de la Plaza México, la Banda Municipal de Música hace tiempo que calló, al derrumbarse el Teatro Juárez lo envolvió el polvo del olvido y con él se fue el fausto de los bailes de gala, las batallas de confeti han sido sustituidas por las batallas de las balas y ya no se conocen y enamoran los jóvenes en el Jardín Ocampo, si no en el “antro”.

Inútil es buscar a los culpables de esa perdida utopía del pasado, pero lo que no sería perdonable es que se perdiera el espíritu patriótico de esa época, por lo que es necesario conocer como se realizaba el acto cívico para conmemorara la promulgación de las Constituciones de 1857 y 1917.


Pintura mural “La Feria de Zitácuaro” localizada en la casa principal del Rancho Manga de Clavo.  Realizada por el artista Alfonso X Peña, en el año de 1950.


Casona de la Estación del Ferrocarril Zitácuaro Maravatio. “Ahí llegaban las altas personalidades invitadas a la feria así como los famosos toreros”, actualmente llegan en helicóptero.


En la foto aparecen las bellas jóvenes zitacuarenses encargadas de abrir plaza, al inicio de la corrida del 5 de febrero.


Al instituirse en la capital del país la corrida de aniversario de la Plaza México, la corrida del 5 declinó en Zitácuaro, por lo que difícilmente volveremos a presenciar las tribunas abarrotadas de aficionados.


Sólo la participación ciudadana podrá lograr que se integre una banda de música como la que dirigía en el año de 1925 el Sr. José Molina.

Atrás